martes, 5 de junio de 2007

Comienza la aventura....

7 de noviembre de 1934

¡Vaya semana! Llevo 7 días mamao. Empezamos el día de mi cumpleaños que vino al baile todo el pueblo. Toda la gente bailaba y disfrutaba. Mi padre bailando con mi madre, Benito bailando con Catalina, el señor Francisco tomándose un vino con el alcalde,... ¡¡pero no pude ese día hablar con Adela porque Rosa no nos dejó!! La familia de ellas no ve con buenos ojos que mi familia tenga contactos con altos cargos políticos de la izquierda española... ¡¡joder!! porque no tengamos tanto dinero como ellos no significa que mi padre no pueda tener amigos, lo que pasa que en este caso ha dado esta curiosa casualidad.

Lo importante, es que esta semana ha sido una fiesta continua hasta las tantas de la madrugada todos los días: durmiendo todos los amigos juntos diciendo chorradas, comiendo juntos... alguna visita de alguna madre que no quiere que nos pongamos malos antes de irnos de viaje, y visitas a media tarde de Catalina a Benito, que parece que son algo más que amigos y sobre todo, ¡¡sorpresa!! ¡¡de María Luisa a Agustín!! Parece que a esta chica le da más pena que se vaya de lo que nos pensábamos. Adela también ha venido...jeje... ¡¡y sin Rosa!! Cada día me gusta más esta chica...
El tren
El coche de línea que nos lleva a Linares, desde donde tomaremos el tren para Salamanca acaba de llegar. Abrazos y besos a nuestros familiares. Le doy un beso muy grande a mi madre y a mis hermanos pequeños Ramiro, Pablo y Marcelo. Le digo al primero de 17 años que estudie, que va para médico, que no haga el capullo. Al segundo de 16 que trabaje para pagar los estudios de Ramiro y a Marcelo, de tan solo 7 años, que le dé de bien de comer su perro Toby. Le doy un gran abrazo a mi padre. Me dice que me quiere. No quiero llorar. El señor Francisco que también viene con nosotros me llama desde el autobús,... siempre el último para todo. Mi padre me dice que disfrute mucho y que tenga cuidado.

Mientras los veo a todos diciendo adiós tengo la tristeza de dejar a mucha gente que me quiere en el pueblo, pero tengo a mis amigos en Salamanca, y un sinfín de aventuras que vivir.

Referencia de la imagen. mundopicho.blogspot.com



Resulta curioso cómo hoy podemos visitar cualquier parte del mundo y mostramos orgullosos todos los países que hemos conocido ya sea un poco más cerca o un poco más lejos. Sin embargo, no hace muchos años, el recorrer apenas 60 km que podía haber desde el pueblo a la ciudad se hacía únicamente cuando se iba a hacer la mili: cuando los jóvenes dejaban de ser niños para convertirse en hombres, es decir, en un momento muy "importante" de la vida.



8 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya te digo, los viajes se hacían por etapas, cual vuelta ciclista.

Y normalmente salir del pueblo o de la provincia era algo muy extraño.

Como cambia la mentalidad!

Desesperada dijo...

ja ja ja me gusta esta serie de mirar hacia el pasado!

Alfonso E. dijo...

Bueno... Algo bueno tendría que tener la globalización ;)

Isabel Burriel dijo...

Está perfectamente ambientado este relato. Lo que han cambiado las cosas, por dios!!

juan rafael dijo...

La globalización...tú como vas en tu propio transporte...

Anónimo dijo...

Cómo se nota que no viajais en tren a Barcelona desde Redondela, jajajajajaj. Yo lo hago. No me da el presupuesto para más y el viaje dura dieciocho horitas de nada, jajajajja. En algunos sitios, todo sigue igual.

el Shysh dijo...

Leí en algún lado que a principios de siglo XIX la burguesía barcelonesa salía para sus residencias de verano en la montaña de Collserola ( actualmente 7 paradas de metro desde el centro) bien de mañana y en carruaje y paraban a comer y descansar a medio camino, o sea a poco más de diez o doce calles actuales desde la salida. Siempre he envidiado a los viajeros, no a los turistas, a aquellos que hacen del trayecto una aventura en sí.
Saludos.

Milady dijo...

Qué buenas son esas historias de antaño, cuando iban de viaje a alguna ciudad y hacían amigos en el tren, tenían un montón de anécdotas de las cosas que les habían pasado,... Me están gustando muchos éstos relatos de épocas pasadas. Aquí me vas a tener enganchada. Un besito.